Hola, soy Hamid.
Un millennial que creció en los 90 bajo la influencia de héroes de acción con físicos absurdos y carácter indestructible. Ese era el estándar visual: hombres fuertes, decididos, difíciles de doblar.
Pero mi referencia más poderosa no venía del cine.
Venía de casa.
Una familia unida y trabajadora. Un padre emprendedor y resiliente que construía sin drama, resolvía sin aplausos y asumía responsabilidad total por lo que llevaba su nombre.
Hoy conecto los puntos y lo veo claro.
De niño admiraba dos cosas:
una figura paterna que emular…
y un físico que, en ese momento, parecía inalcanzable.
La realidad era menos épica.
Fui indisciplinado. Siempre activo, sí. Pero con aspecto de gordito, porque nací con un apetito digno de admirar y poca estructura para controlarlo.
A temprana edad me tocó crecer más rápido. Involucrarme en la empresa familiar. Asumir responsabilidades mientras muchos amigos estaban de fiesta. No era glamoroso. Pero forjó carácter.
El momento pivotante llegó a los 18.
Me regalé una membresía del gimnasio por mi cumpleaños. Mi objetivo era básico: bajar la barriga y gustarle más al sexo opuesto.
Nada profundo. Nada heroico.
Pero ahí empezó la transformación real.
Los hierros me enseñaron algo que no logré aprender en ningún salón de clases: disciplina y constancia.
Me obsesioné con entender el proceso. Ese camino me unio a quienes luego serían mis socios y cofundé Bodyignition, cuando el coaching online en República Dominicana simplemente no existía.
Lo que comenzó como una meta estética se convirtió en una escuela de ética de trabajo.
Y esa ética se expandió.
Al negocio.
Al liderazgo.
A la paternidad.
Con el tiempo entendí que no solo quería fortalecer el cuerpo. Quería afilar la mente. Así nació Tertulia Dura: un espacio para conversaciones reales, sin libreto, donde se entrenan ideas igual que se entrenan músculos.
Cuerpo fuerte.
Mente despierta.
Carácter firme.
Si miro hacia atrás, nada fue casual.
El físico aspiracional.
El ejemplo de mi padre.
La indisciplina que tuve que corregir.
El negocio como prueba.
La conversación como expansión.
Este espacio es el registro de ese recorrido.
Porque el estándar no se admira.
Se practica.
No se declara.
Se demuestra.
Y se sostiene.
Bienvenido.
“Vuélvete fuerte, lo demás es secundario.”
- Hamid
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